Ahora solo queda extasiarse en el segundo, volver a sentir
que cada instante está lleno de magia, porque eso es la vida respirar un aire
que no vemos, sentir un frío que no conocemos, aspirar ese aura que solo nos
encanta por segundos…Vivir el momento con sus buenos y malos ratos…
Fue así que me desperté en medio de esa clínica mugrienta,
en medio de esa cama donde me di cuenta que me faltaba una parte de mí, una
parte de mi cuerpo, aquella que se fue volando por la ventana apenas le dí la
oportunidad.
Me quede vacía, resonando los aullidos para ver si alguien
me escuchaba, nadie me escuchó simplemente porque cada uno vive su parte de
realidad, aquella donde cada vida significa algo distinto.
Sí, todos somos pequeñas minúsculas partículas pegadas por medio de magia representando la vida, esa vida que se
veía oscura por el hueco que era literalmente en el cuerpo.
Nadie puede sentir esto, todos nos sentimos rotos de alguna
manera, todos estamos rotos de alguna manera; unos por soledades, otros por
muchas presencias. Así salí de allí, llena de vacíos, presencias y grandes
soledades.
Camine por las frías calles de Lavalle, me deje sumergir en
cada ínfula de sal y allí me sumergí bajo tierra para dejar de vivir en ese
cielo lleno de espacios, lleno de nubes que no puedo entender ni interpretar.
Nada es fácil, nunca nadie dijo que sentir era fácil, pero qué
más da ahora, es lo único que busco…sentir en medio de tanto cemento y
soledades.
...Ya que importa, un
pobre diablo como yo no puede ser un camaleón, solo puede ser uno de esos filtros que
evitan los aspectos, un pobre que se cubre bajo ausencias para vivir algo de
vida.