lunes, 17 de junio de 2013

Pobre

Andar sin palabras, es como sentir que ahora nada está escrito simplemente porque una gran parte se ha ido.

Ahora solo queda extasiarse en el segundo, volver a sentir que cada instante está lleno de magia, porque eso es la vida respirar un aire que no vemos, sentir un frío que no conocemos, aspirar ese aura que solo nos encanta por segundos…Vivir el momento con sus buenos y malos ratos…

Fue así que me desperté en medio de esa clínica mugrienta, en medio de esa cama donde me di cuenta que me faltaba una parte de mí, una parte de mi cuerpo, aquella que se fue volando por la ventana apenas le dí la oportunidad.

Me quede vacía, resonando los aullidos para ver si alguien me escuchaba, nadie me escuchó simplemente porque cada uno vive su parte de realidad, aquella donde cada vida significa algo distinto. 

Sí, todos somos pequeñas minúsculas partículas pegadas por medio de magia representando la vida, esa vida que se veía oscura por el hueco que era literalmente en el cuerpo.

Nadie puede sentir esto, todos nos sentimos rotos de alguna manera, todos estamos rotos de alguna manera; unos por soledades, otros por muchas presencias. Así salí de allí, llena de vacíos, presencias y grandes soledades.

Camine por las frías calles de Lavalle, me deje sumergir en cada ínfula de sal y allí me sumergí bajo tierra para dejar de vivir en ese cielo lleno de espacios, lleno de nubes que no puedo entender ni interpretar.

Nada es fácil, nunca nadie dijo que sentir era fácil, pero qué más da ahora, es lo único que busco…sentir en medio de tanto cemento y soledades.

...Ya que importa, un pobre diablo como yo no puede ser un camaleón, solo puede ser uno de esos filtros que evitan los aspectos, un pobre que se cubre bajo ausencias para vivir algo de vida.