A Rafael Chaparro desde
otro Zoológico urbano.
Y a ti, que fuiste ese
mar por segundos.
Desatando cabos me encontré con
un nudo de pensamientos. Me di cuenta que el azul del cielo me estaba engañando
con el reflejo del mar, me di cuenta que los árboles en otoño no dejan caer
todas sus hojas, al contario solo sueltan las que necesitan caer al suelo para
ser pisadas por “gigantes humanos”.
Fue así que descubrí que aquello
que me había pasado esa noche era real, como todo en la vida.
Mis pasos me dirigían hacia un
camino que desconocía completamente y mis ganas de aventura no me dejaron estar
quieto, fue así que me decidí a seguir mi intuición y corazón por encima de los
efectos naturales de la cruda realidad.
Yo soy un gato, y mi nombre es
Verde-Marrón como la tierra. No tengo casa simplemente porque nunca tuve que
quedarme quieto en un solo lugar. Quizá si tuve hermanos pero ellos son más
fuertes que yo, no me necesitan. Es así que mi vida es nómada, no porque me
guste, simplemente mi destino era nunca estar quieto, o bueno no por mucho
tiempo…
Todo comenzó en un lugar
totalmente nuevo, con un nuevo suelo, de cemento. En este sitio hay días en los
que amanece y me dan ganas de ser perro simplemente por culpa de la soledad,
esa que es tan fuerte que me gustaría ser un canchoso para tener un algo a
quien adorar, a quien seguir, a quien pedir cariño, a quien exigir miradas…
Pero bueno, soy un gato y esas cosas simplemente no se pueden desear.
Una noche que parecía como
cualquier otra, en medio de un charco de luces rojas, se desato mi bola de
pelos y mi estómago se estremeció tanto que no me quedo otra que vomitar mi
corazón en medio de una acera desolada. Sé que simplemente no fue culpa de ella
pero algo muy fuerte tuvo que ver.
Estaba completamente vestida de
blanco y sus hermosos ojos que te sumergían en el más azul de los mares no te
permitían mirar hacia otro lugar. Fue así que mi cola negra no me dejo en paz y
tuve que acercarme a sus piernas a pedir alguna caricia con sus suaves manos.
Ella, que era un completo sueño, había
llegado a mis bigotes por alguna razón, esto no es algo de casualidades (las
casualidades no existen, solo las causalidades), es así que mis impulsos y sus
pulsaciones se juntaron en medio de la luz de la luna llena.
Lo sé, un gato no se puede
enamorar de un sueño, pero qué más da. La soledad de esta ciudad te impulsa a
cosas así, te lleva a actuar, a veces, más con el deseo que con la razón.
Fue así que mi deseo de ser perro
se cumplió, me fui detrás de su culo olvidando mi destino, perdiéndome en el
camino. Y termine aquí, en el cielo.
Si mis siete vidas se fueron
detrás de sus impulsos. Cada paso en falso que ella daba era un golpe tan
fuerte para mi espíritu que no me quedaba más de otra que salir herido, o bueno
eso me gusta creer, porque no solo salí herido. Simplemente mis pulsaciones
dejaron de funcionar.
Ahora desde acá, aun veo sus ojos
mar iluminado mi sendero, él que ahora ya no está en la tierra deseando ser
perro, está en este árbol a donde llega la hermosa luz del atardecer haciéndome
solo desear ser de nuevo un gato arrabalero más.