“Gracias por seguir mi juego
estando en medio de tantos edificios”, le dijo el viento que soplaba al piso 12
de la Avenida Córdoba….
Respiro y un poco de aire del río
alcanzo a tocarlo, no tenía respuesta para afirmarle algo, cualquier cosa. Fue así
como un poco de agua empezó a inundar sus ojos, deslizándose por su mejilla.
Nunca había sentido esa sensación…no la entendía.
A veces, simplemente no hay
explicación para las cosas simples. La simpleza suele ser tan letal que es
vista como un problema, por eso es difícil aceptar que respirar y sentir pueden ser la forma
del ciclo del camino.
Se dejó llevar por esas emociones
que pueden no existían, y su mundo se detuvo. No hubo nada, no había nada ahí.
Estiro sus manos hacia el cielo, quería intentar sentir alguna estrella como
para pensar que estaba en medio del espacio, nada paso.
¿En qué clase de juego estaba?,
¿Era todo eso real?, ¿Sueño, pesadilla, irrealidad?... ¿Lo que había sentido era
amor?...
Se ensimismo y pensó: no puede
haber mayor exilio que el que está bajo el manto de la nada, con reacciones
constantes pero pocas respuestas. Así como al estar bajo los propios
pensamientos.
Seco sus ojos, la nada seguía
ahí. Sus millones de deseos se manifestaron en caras de desencuentros, tratar
de dominar el tiempo se había llevado todos sus impulsos.
“Gracias por seguir mi juego
estando en medio de tantos edificios”, le dijo el viento que soplaba al piso 12
de la Avenida Córdoba…
Sonó el timbre, nadie abrió.