- Pedrooooo!!!
Nadie me oyó, en realidad no conozco
a ningún Pedro, pero así apareció…como Pedro.
Luego de unos minutos logre cerrar
los ojos y quedarme dormida, como si nada hubiera pasado. Los sueños fueron
tranquilos, tanto que ni los recuerdo, pero eso sí, me levante con los suspiros
en mis oídos.
Ese día todo estuvo extraño nada parecía
real. La mañana fue la única capaz de disfrazarse de costumbre, el resto del
día se escondió detrás del frío. Ese fue el día más frío de Buenos Aires en
todo el año 2013, según los medios.
Y lo sentí, cada parte de mi
pequeño cuerpo se estremecía a cada paso, cada poro de mi cuerpo se erizaba y
no solo por el frío, también por esos malditos suspiros que no dejaban de
perseguirme…
Entrar al subte lleno nunca fue
tan placentero, me hizo olvidar los suspiros, todo al comparar mi cara con los
demás rostros llenos de tristeza, miedo, hambre, frío y todos los sentimientos
a la vez, la diferencia era tal que daba la sensación como cuando se refleja la
luz del sol en el espejo. Es tan fuerte la luz que solo ella se ve, los demás no
pueden verla porque solo reciben una luz cegadora, nada más. Y algo así paso,
no sentí mi tristeza ni la de los demás, no sentí nada gracias a la falta de
aire.
Mi recorrido termino en la
estación Avenida de Mayo, cerca de la Avenida Corrientes, lugar donde se cruza
la nostalgia y el olvido. Justo allí el aire volvió un poco a mí, y eso que una
brisa incontenible paso por mi cara dejando la estela de su contacto.
Mis ojos se cerraron, y justo en
ese momento apareció Pedro. Se estaciono en medio de Corrientes en el segundo más peligroso, cuándo el semáforo daba verde a los autos. Mis ojos se abrieron
llenos de miedo, solo pude volver a gritar
- - Pedroooooo!!!
Vi como una chica de la acera de
enfrente salía a correr tras de Pedro justo en el momento en que se acercaba un
camión. Todos a nuestro alrededor solo esperaban a saber si la vida y los
milagros existían...la realidad siempre da golpes y deja llegar a la muerte.
Una lagrima cayo de mi mejilla…no
supe como disimular. La ciudad se llenó de un extraño silencio y los suspiros
volvieron a mi oído. Todo era real.
Camine un buen rato…deje de ser y
olvide el aire, me sentí liviana en medio de tanto peso…sonreí. Todo tuvo un
poco de sentido porque después de muchos segundos sin vida pude sentir el paso
de un buen perfume, las aves cantando y el viento corriendo.
Volví a mi casa, abrí la puerta y
el miedo volvió a mí. Quizá Pedro podría aparecer en mis sueños o de nuevo en
mi realidad.
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