Me he tomado el tiempo de dejar que las palabras se apoderen
de mi mente, quizá la saturación de información por los eventos que no dejan de
acontecer me han llenado de muchos espacios sin nombres.
Ahora que el
invierno es más frío que nunca veo como la ciudad se sumerge en sus sombras y
aleja a todo extranjero que llego en busca de un nuevo camino conmigo.
Si las decisiones tomadas a veces pesan mucho.
Ahora que en ocasiones quiero salir de aquí es imposible. Las
calles con sus árboles sin copa, la gente que camina y te cruza una mirada para
luego evitarte, los micros a media noche mostrándote que está ciudad no
descansa, me han atrapado. Sí, atrapado. Ya nada me puede sacar de aquí porque los
pies se me han impregnado de tanto cemento que todo está estático.
Todas las noches veo miles de ojos perdidos entre las luces,
veo el millón de vibraciones emitidas por el baile, o por esa única forma de
soltar la energía que a nadie más le puedes dar, y de nada sirve sentirlo,
siempre parece igual. La monotonía es buena adueñándose de los segundos en que
no queremos pensar nada.
¿Será que en medio de tantas nuevas calles, sonidos, olores,
sensaciones, está algo que ilumine de verdad esta masa de cemento que ahora se
hace llamar casa?
Es difícil desear cuando se le da la espalda al mar, es difícil
sentir cuando todos tienen miedo de hacerlo, es difícil obviar cuando todo
parece tener tanto valor.
Menos mal no soy de aquí sino, seguro, ya no sentiría ni
estas letras que no son nada.
"Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera."
ResponderEliminarFacundo Cabral.