miércoles, 10 de abril de 2013

Y los otros al carajo!



Despertar en la ciudad nunca fue tan gratificante, al parecer la idea de que las cosas ya tengan su rumbo por fin despejo los fantasmas que rodeaban el ambiente desde horas tempranas.

El desasosiego lo tenía en sus manos y la presencia de esas falsas caricias lo dominaban. Al parecer la vida era sencilla aunque él se enredaba en cada nudo que tejían las telarañas, si esas que recorrían su cama en las noches sin que él las sintiera.

No pudo evitar esas ganas de salir de la habitación a buscar luz, algo que le recordara que es estar vivo…Tomo sus zapatos y salió no solo del lugar, también de sí mismo, se desdoblo.

El aire comenzó a recorrer su cuerpo y por fin sintió algo de vida, camino por los arbustos, manejo sus sentidos, escogió el solo los lugares a donde quería ir, camino sin dificultad, sintió cada estela de sonido en sus oídos, cada hoja de movimiento en reacción a la fuerza del viento.

Se sentó en la Plaza Italia y miro a nadie, nadie quería verlo…ninguna de las dos le importo porque ahora solo sentía su paz, la única que tiene más valor, la única que lo acerca a su verdadera libertad.

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