Como todos los días azules ella se levantó de su cama
queriendo poder respirar tranquila. Abrió la ventana de su habitación y miro
hacia el suelo buscando algo diferente, nuevo… Nada sucedió solo hojas del
otoño tiradas en la acera mientras los perros pasan corriendo por la calle
Beruti.
Algo pasaba con su mente que nada parecía tener sentido,
quizá el haber ingerido algunas pastillas y unos tragos de brandy la llenaron
de miedos y demonios escondidos, de pronto simplemente se sumergió en un viaje
sin salida, sin devolución a la vida real.
No importo, decidió sacarse los miedos y oscuridades, tomo la
ruta y comenzó a caminar por la ciudad más húmeda de Sur América, Buenos Aires.
El aire comenzó a recorrer su cuerpo y el sol le quemo un
poco sus poros, miro el cielo, sus pupilas dilatadas se cerraron y por un
momento no vio más que un destello de luz emitido desde la parte más profunda
de su subconsciente. Bajo la mirada y decidió seguir andando.
Cruzo la Avenida Cordoba, el ruido de los autos y el
estallido de las alarmas la asustaron…recordó que ya no estaba en la sierra, ya
la montaña no estaba allí…ahora solo quedaba una masa de concreto con forma de
rectángulos rodeándola por todos los lados a donde mire. Ya no había nada de
tranquilidad porque la ciudad de la furia había decidido comérsela
completamente en esa esquina.
Su cuerpo dejo de ser el mismo y el concreto se apodero de
cada célula…ahora ella hacia parte de esa masa de cemento…ahora ella era una
escultura más es medio de ese caos de luces y ruidos.
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