jueves, 22 de agosto de 2013

Cielo azul camino rojo

Me acostumbre a caminar en este lugar de cemento, cada vez cerré más el ángulo. Fue así que descubrí que mis ojos estaban perdiendo la capacidad de visión, y no tenían los 180°, ahora parece solo tener un ángulo de 90°. La sensación de perder una parte de la realidad en medio del día me perturbo un poco he hizo que mis pasos dejaran de estar en el cemento para quizá estar en la atmósfera de mi realidad.

Así apareció la frambuesa que me hizo ver y sentir como todo se estaba encogiendo a mí alrededor como parte de un sueño. Santa fe se convirtió en un pequeño renacer donde la despedida de las cosas, no muy útiles para el camino, se dio por fin. Y no fue solo mierda, era solo el cauce de la realidad.

Pasaron algunos ojos de desolación por el lado izquierdo, no importo porque la música de cada centímetro de recorrido solo fue trazada como felicidad.

La Iglesia de la Sagrada Eucaristía me hizo detenerme en el silencio y por un momento deje de escuchar sonidos. Vi como la vida está en esa hoja que cruza los pies confundiendo los pasos con ratones, esos que te hacen mirar para todos lados y así descubrir el cielo más azul posible que en muchos días pasados. En ese segundo me convertí en un espía de la casa del amor y la verdad se dio a relucir como luz, justo cruzando cerca del corazón, en Armenia.

Entrar a un pequeño submarino amarillo fue la entrada de los colores a las ideas. La salida de este lugar se vio marcada por los pasos del duende que jugaba con el árbol. 

Por fin sentí la energía del cruce de miradas y pude aspirar un poco de aire con diferentes olores. El final se sintió cerca y el sabor a frambuesa desapareció del ambiente, el cielo seguía azul, quizá más azul que antes…una pequeña luz roja me hizo parar.



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