La caída inminente por fin nos despertó, a ti de ese lado del
sueño, a mí de este lado de la pesadilla. Nunca estuvimos tan cerca y tan lejos
al mismo tiempo, nunca nos sentimos tanto como estando a miles de kilómetros.
Ahora que hay diferencia de tiempo y de espacio entre
nosotros puedo ver como las ciudades que cruzamos fueron las mismas batallas
con los mismos fantasmas, fueron ese grito sordo que nadie escucha simplemente
porque todos prefieren estar encerrados en lo que les parece cómodo… yo por mi
parte nunca me he sentido tan incómoda como me siento en los últimos instantes
que pueden ser segundos, minutos, horas, días…
Ese mañana que en algún momento nos saludó ahora solo hace
parte del eterno pasado, de esas cicatrices que nos marcaran por vida, de ese
desahogo que solo creamos con nuestra galaxia.
Obvio, sabíamos que el agua y el fuego son diferentes, pero
son complemento, siempre luchamos porque el elemento se hiciera fuerte, porque
el amor creciera…nunca vimos los abismos, siempre estuvimos en el cielo.
En este momento tú ves la nieve y las montañas, yo me quedo
con la luna saludándome en todo su esplendor, ya cada parte de tu aliento se grabó
en mí, nunca dejaras de existir como esa galaxia fuera de esta realidad.
Seguro no fui a la velocidad de la luz como cada capa de tu
ser deseaba, pero estuve al alcance de cualquier estrella, brille más que Canis
Major.
Eres tan visible para mí como nuestra constelación es visible
para todo aquel que tiene la fuerza de creer en algo fuera de lo impuesto, porqué por algo estuvimos mirando ese lago que ahora tú miras solo, mientras yo miro el
cielo de luna llena nublado… estábamos destinados a caer al fondo del lago.
Ahora tú en tu presente, yo en mi instante muerto, sé que
tuve tiempo antes de caer al agua y pensar, hay cosas que se ven venir… Todo a
el tiempo justo, en el momento adecuado… tú allá mirando el agua y yo sumergida
en lo profundo de ella.
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